- Si desaparezco de repente, no te asustes
- ¿Qué?
- (flop!)
Marta abre los ojos con las pupilas inflamadas. Su cuerpo implosiona tomando el clítoris como epicentro. La sensación se extiende sumergiéndola en algún tipo de solución salina. Marta se contrae y relaja como si fuera un charco, y el orgasmo las ondas que forma la lluvia. Diferencias de potencial recorren sus enlaces sinápticos de lado a lado formateando el tapiz de los sentidos. Sinestesia evolutiva le dicen los más pedantes. Marta olvida por un momento que se llama Marta, pero justo al recordarlo se da cuenta que el chico con el que estaba, se ha ido.
Roberto, el chico que conoció hace unas horas, acaba de desaparecer. Y Marta no puede evitar cerrar las piernas como quién abre un libro por la última página.
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la lluvia no me ha perdonado. hoy camino encerrado en la gravedad del agua. sólo ruido. sólo mil años tomando el control de este goteo interminable de bocas. otras bocas (where is your fckng mouth?) sin nombre que me saben a curiosidad como cuando de pequeño mordía las gomas de borrar. sólo que estas no borran nada
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Hoy no es día de reyes, pero uno de sus camellos ha amanecido en casa. Se quedó bebiéndose mi ron y fumándose mi hierba en el sillón de la ventana. Ahí sigue, desafiando toda posibilidad de alcanzar el roscón de reyes; colarte en medio, y colarme dentro de ti -por supuesto- con nata
Un sentido por dedo de la mano. Vista, oído, gusto, tacto, y olfato, cada uno conectado de manera diferente con la memoria, cada uno tocándonos la moral cuando le viene en gana, o trayéndome de manera inesperada el momento en el que tocaba el cielo de tu boca. No precisamente con la mía
Igual es la rabia de saberte cerca, y no encontrar el mapa.
Igual es la frustración de hablar y que al otro lado esté ese espejo roto. Con mi reflejo también roto.
Igual ya no es lo mismo, o siempre fue así. Haré trampas con tal de que el mundo gire un poco más rápido y volvamos a coincidir
No importa. Sé que es así como me gusta. Caliente y frío, húmedo y seco, blanco y negro. Siempre lo preferí así, dos de cal, una de arena
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[Respuesta]
Ya comprendo. Es fácil dejarse llevar. El mecanismo del mínimo esfuerzo como le dicen algunos a la evolución. Por otra parte, es decisión propia establecer la eficiencia en la pérdida de rozamiento, y para eso hace falta refrigerar el mecanismo. La repetición por definición produce frío. El frío, en un principio, estimula la señal nerviosa.
Ya comprendo. Es fácil dejarse llevar. La consciencia se torna más aguda, la saliva se espesa y se vuelve ácida como un humor entredientes. El problema debe comenzar cuando la sobreexposición te hace traspasar el umbral del dolor. Parece una contradicción, pero el hielo produce una intensa quemazón. Aunque no sea muy útil para encender un cigarrillo, el frío -endemasía- interrumpe la consciencia a nivel celular. Si se prolonga el contacto, la muerte empieza a extenderse contrayendo los músculos en su último esfuerzo por elevar la temperatura quemando azúcares. Para terminar, el cadáver queda petrificado con una intensa sonrisa rota en los labios. La graciosa muerte que le dicen los graciosos.
Ya comprendo. Es fácil dejarse llevar. Un síntoma claro es la falta de entusiasmo. Y por lo que leo entrelíneas, las preguntas te las respondes en un extraño ejercicio de espejos. He leído muchas veces tu carta. Comienzo a sospechar que hasta en las dedicatorias sientes la necesidad de usar la segunda persona. Es como si justificaras que no hay mayor anonimato que el que llena tu día de actividades agendables.
Ya comprendo Es fácil dejarse llevar Nada va a cambiar tu mundo Ni mil cumpleaños De pie frente a la Salida de emergencia
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Hoy es la última noche del mundo. Me siento como si hubiera nacido ayer. Mi vida condensada en el caótico escaparate de algún 24horas iluminado por las nobles intenciones del neón. Vendo bacios de Perugia rellenos con clichés vacíos: hoy es el primer día del resto de tu vida. Y, ¿qué? Ya me di cuenta hace mucho que principio y fin se escriben juntas en la misma frase. No necesariamente en ese orden.
Conseguí licencia para el olvido, y ahora intercambio disolventes por tiempo, el tiempo anestesiado de la sección de congelados. Mis sentidos en huelga de hambre se van de putas cuando no miro, porque saben que el camino de vuelta -el único posible- es la locura.
No, no sé contar hacia atrás. Nunca dejé estatuas de sal al final de la escapada, ni hago la cama por las mañanas. Aplico la propiedad conmutativa con las noches porque el orden de los factores no altera el resultado. Y empiezo a comprender que el presente es mi tiempo verbal preferido.
Camino a prueba de distancias, o tequieros rotos por bocas llenas de otras bocas que no son la mía. Ya no espero a que sean otros los que terminen las frases. He aprendido el profundo significado de los puntos y aparte. Aunque, tengo que confesarlo, no he dejado de escribir en los bordes.
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