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no sé contar hacia atrás

Hoy es la última noche del mundo. Me siento como si hubiera nacido ayer. Mi vida condensada en el caótico escaparate de algún 24horas iluminado por las nobles intenciones del neón. Vendo bacios de Perugia rellenos con clichés vacíos: hoy es el primer día del resto de tu vida. Y, ¿qué? Ya me di cuenta hace mucho que principio y fin se escriben juntas en la misma frase. No necesariamente en ese orden.

Conseguí licencia para el olvido, y ahora intercambio disolventes por tiempo, el tiempo anestesiado de la sección de congelados. Mis sentidos en huelga de hambre se van de putas cuando no miro, porque saben que el camino de vuelta -el único posible- es la locura.

No, no sé contar hacia atrás. Nunca dejé estatuas de sal al final de la escapada, ni hago la cama por las mañanas. Aplico la propiedad conmutativa con las noches porque el orden de los factores no altera el resultado. Y empiezo a comprender que el presente es mi tiempo verbal preferido.

Camino a prueba de distancias, o tequieros rotos por bocas llenas de otras bocas que no son la mía. Ya no espero a que sean otros los que terminen las frases. He aprendido el profundo significado de los puntos y aparte. Aunque, tengo que confesarlo, no he dejado de escribir en los bordes.

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One Comment

  1. admin dice:

    La última noche del mundo ocurre siete veces por semana. Sin comerlo, ni beberlo, me fumo las horas con prisas de cienpiés agarrotado. No me hagas señales, ya sé lo que quieres. Sólo espera un momento

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