El tianguis no empieza en los puestos, ni en sus gentes, o mercancias. El tianguis comienza en los sentidos, en los pies, en las tripas. Es una experiencia visceral que deforma los paradigmas cartesianos del espacio y el tiempo. Cuando entras en uno olvidas qué venías buscando. Lo concreto pierde valor, y se transforma en puro instante. Olor a chile sobre tortillas de harina, un limón partido del que parecen nacer dos soles verdosos, zapatos amontonados sobre una loneta como dispuestos a salir corriendo, voces que te invitan, sugieren, preguntan. La luz se fragmenta y colorea este laberinto primigenio que esconde deseos de los que aún no somos conscientes. En el tianguis todos somos visitantes, nómadas urbanos que toman sin respirar este trago a medias tradición, a medias actualidad.
Tianguis es la vida dibujada en los márgenes de mi cuaderno.







que rico esas tortillas que sabor como puedo hacerlas porque aqui no son muy comunes