A veces, sólo hace falta encontrar una excusa para dejar a un lado la escritura. No es necesario que sea elaborada, o siquiera que pueda articularse en palabras con más o menos sentido. Para posponer la redacción de un texto sólo hay que dejarse llevar por el ruido interno, el día a día que dirían otros. Y así se organizan los meses, bien amarrados a la inercia de turno. Antes de llegar a Oz, la única respuesta es la pregunta interna que espera ser respondida por el mago. Aunque al final, todo su trabajo se reduce a preguntarte, ¿quién eres?
Y el nuestro, aceptar la respuesta.







La verdad es que es muy sencillo abandonar proyectos por diversos motivos. Aunque la espinita siempre queda clavada y por ello, tarde o temprano lo echamos de menos e intentamos recuperarlo.
A ver si dura un largo tiempo esta nueva andadura.
un saludo