Los gruesos cristales de la oficina debilitan la luz que con visible esfuerzo dibuja los contornos de un mundo de sombras. La materia orgánica reducida al mínimo esfuerzo del blanconegro. El mobiliario apenas desentona con el olor generalizado a nicotina, café demasiado tostado y sudor. Clientes que entran, empelados que hablan, clientes que salen, empleados que buscan más clientes. Dos hombres entrados en la cuerentena como les gusta decir cuando se refieren a sí mismos, hablan sin mirarse apenas.
- ¿Qué haces con el ordenador todo el día?
- Nada en especial. Calculo el día de mi muerte- Raul sonríe ante la ocurrencia de Andrés.
- Espero que te lleve tiempo- Raul consulta la hora en su reloj y se desabrocha un botón de la camisa-. Esta noche abren el local de la esquina. Sí, ese que era un videoclub. Lo han reformado en restaurante temático -Andrés congela la mirada en un poster medio descolgado de la pared de enfrente-. ¿Sabes? Sí, uno de esos dónde gente disfrazada de famosa te sirve la comida. Tenemos que ir. Hoy es la fiesta de apertura.
- No sé Raul. La semana que viene tengo vacaciones. Don Miguel quiere todos los informes de venta cerrados y archivados antes -Andrés levanta los hombros mientras habla
- Lo que tú digas, pero tienes que salir más. Te lo advierto, esta noche Marylin nos traerá spaguettis al pesto a la mesa. Tú le devolverás la sonrisa.
- Claro. Pesto y sonrisa. No puede fallar. Lo apunto en mi lista. ¿Ves? -Andrés garabatea algo en la agenda que guarda en una esquina del escritorio-. Ahora déjame trabajar
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